Alicia vive inconforme tras descubrir que el anunciado fin del mundo era falso. Mientras la humanidad celebra, ella crea un grupo virtual para quienes aún esperan el apocalipsis. Su vida personal se complica: su padre abandona el hogar, está sin trabajo ni ingresos y debe convivir con su madre, la persona que más odia.
En medio de su rechazo a cualquier muestra de afecto, surge un mito urbano en Cali que sugiere que los abrazos, casi extintos, podrían ser la clave para salir de su espiral de frustración. Aunque Alicia se niega a recibirlos, su camino apunta a un posible renacer, de la mano del perdón.